Torre de
Babel
Manuel
Pérez Rocha
Periódico La Jornada
Opinión.
Jueves 21 de marzo de 2013
Jueves 21 de marzo de 2013
Febrero de 2013, inicio del nuevo gobierno federal, ya
en pleno siglo XXI, el Estado mexicano no sabe qué hacer con la educación. El
secretario del ramo, Emilio Chuayffet, declaró sin reservas: “No hay una visión
de conjunto de lo que queremos que sea el sistema educativo… la SEP es una
torre de Babel”. Este insólito reconocimiento contrasta con la seguridad que,
desde la Independencia, mostraron los gobernantes mexicanos al expresar sus
convicciones acerca de lo que debería ser la educación en nuestro país.
Esa declaración tiene gran importancia porque no es
una ocurrencia inopinada del secretario, sino expresión fiel del desconcierto
(por decirlo de alguna manera) de quienes dominan este país, respecto de las
funciones de la educación. No tienen duda acerca de lo que debe ser la
educación de las elites (educación de excelencia, moderna, que forme
profesionalescompetitivos), pero no pueden formular una visión de conjunto de
lo que quieren que sea el sistema educativo porque la educación del pueblo les
representa una grave contradicción: su diagnóstico (interesado, insidioso) es
que los problemas del país se originan en la falta de educación de la gente, y
que el pueblo debe ser educado; pero hoy es patente que en el país hay millones
de personas sobre educadas para los estrechos espacios que conceden
el mundo laboral, el político y el cultural.
Desde la Independencia, el Estado mexicano –reflejando
la ideología de la burguesía en penoso ascenso– asumió que elatraso del
país obedecía a la falta de educación del pueblo (vicioso e inepto) y que el
progreso sería resultado de una educación que hiciera a los hombres virtuosos,
instruidos y laboriosos. Esta definición acerca de las finalidades de la
educación, compartida por diversas corrientes políticas, prevaleció durante
poco más de 120 años; a principios de la cuarta década del siglo XX, con el
impulso de importantes movimientos sociales, fue remplazada por la educación
socialista, que concebía a la educación del pueblo, concretamente la de los
trabajadores de la ciudad y del campo, como la preparación para asumir un papel
protagónico en una anhelada y presumiblemente pronta sociedad socialista. Como
ideología del Estado mexicano este planteamiento duró muy poco (menos de 10
años), al arribo de Ávila Camacho al poder fue remplazado por una ideología
claramente economicista: la educación debería formar los recursos
humanos necesarios para el desarrollo económico. Para ello, con su
brazo corruptor y represor (el SNTE), el Estado tomó el control total de la
educación, marginó a las corrientes progresistas de maestros que habían
promovido estupendos proyectos en los años previos y realizó inútiles estudios
de previsión de necesidades de mano de obra para ajustar a ellas el
desarrollo del sistema educativo.
Sin lograr la formación de un sistema educativo
integral, nacional, que respondiera a cada una de esas ideologías, el Estado
impulsó planes, leyes, instituciones y programas que se fueron superponiendo
unos a otros. De todos ellos encontramos hoy restos, en algunos casos
reliquias, que componen lo que con razón al secretario le pareció
una torre de Babel. Un renglón para el cual el Estado mexicano no ha
logrado definir un proyecto mínimamente coherente y sólido es el de la
llamada educación indígena.
A finales de los años 70 del siglo pasado empezó a
hacerse evidente la incapacidad del sistema capitalista para incorporar al
aparato productivo a una parte cada vez más grande de la fuerza de trabajo,
incluso de la fuerza de trabajo calificada y altamente calificada. Este
problema afecta no sólo a nuestro país, sino alsistema mundo en su
conjunto: el desempleo es calamidad que azota a Europa, a Estados Unidos, a
África, a Latinoamérica, incluso a Asia. Este fenómeno, además, no es una
situación transitoria que pueda resolverse con más inversiones nacionales o
extranjeras, o con ferias del empleo, ni con reformas al sistema
educativo; es una condición estructural del capitalismo que impone en
la producción, tanto de bienes como de servicios, la reducción de los gastos en
mano de obra mediante la aplicación de tecnología automática, la incorporación
de la energía de la naturaleza (a la que le fija precios según su conveniencia)
y la sobrexplotación del trabajo reduciendo los salarios a niveles de
sobrevivencia.
En estas condiciones, concebidos los seres humanos
como mano de obra, la educación no solamente carece de sentido: esdisfuncional,
peligrosa. Algunas medidas que se han tomado en varios países para evitar el
creciente desfase entre la educación y las restricciones del mercado de trabajo
consisten claramente en el empobrecimiento de la educación, en la sustitución
de las instituciones escolares por la educación en línea o la franca
corrupción que consiste en regalar títulos y certificados escolares que no
están respaldados por una auténtica educación. Por supuesto, las nuevas
tecnologías de información pueden ser un instrumento formidable de apoyo a la
educación, pero eso requiere elaborar proyectos sólidos y responsables, que se
combinen con la interrelación de maestros y estudiantes en comunidades de
aprendizaje, y evitar que esas nuevas tecnologías sean usadas como subterfugio
para eludir las responsabilidades del Estado en el desarrollo y sostenimiento
de la educación.
Para salir de la torre de Babel es
indispensable realizar un amplio trabajo de análisis y discusión de la
problemática educativa, empezando por los fines y función social e individual
de la educación. Para ello, es urgente que la SEP se sacuda el tutelaje de los
economistas y banqueros de la OCDE, que aproveche el conocimiento acumulado de
muchos estudiosos, grupos de trabajo e instituciones de nuestro país,
especializados en educación y otras disciplinas y, sobre todo, que incorpore la
experiencia y los proyectos del magisterio mexicano.


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